Usted se encuentra en: »

La mente en el deporte. ¿Qué importancia tiene?

La mente en el deporte. ¿Qué importancia tiene?

Uno de los aspectos más básicos y lógicos que se debe conocer, si se quiere llegar a alcanzar un estado de forma y rendimiento físico notable, es el de entrenar con constancia, orden, y esforzándose según el programa establecido.

A este aspecto se le debe añadir el hecho de seguir una dieta adecuada, con una cantidad de nutrientes óptima para conseguir hacer funcionar a nuestro organismo y que, de esta manera, pueda rendir siempre que se requiera realizar algún esfuerzo notable.

Si seguimos hilando más fino todavía, podríamos añadir también la necesidad de llevar un estilo de vida saludable, en el cual se descanse lo suficiente, no se cometan excesos, y se evite siempre, en la medida de lo posible, todo aquello que nos pueda perjudicar a la hora de ejercitarnos practicando nuestro deporte favorito.

Todos estos aspectos están centrados, en mayor medida, en favorecer a nuestro físico... Pero ¿qué ocurre con nuestra mente? Tampoco podemos poner en duda la importancia que tiene la mente a la hora de rendir físicamente ya que, simplificando, la mente somos nosotros mismos, los que decidimos si seguir esforzándonos o desistir a mitad del intento; si nos quedamos en casa toda la tarde o salimos a entrenar; si nos encontramos bien físicamente en este momento o si queremos mejorar todavía más...

Tal es la importancia del factor psicológico, que no va a conseguir el mismo resultado en el mismo deporte una persona pesimista, incapaz de creer que puede alcanzar una determinada meta, que alguien con la suficiente confianza en sí mismo como para mantener la constancia y no aflojar en los momentos de máximo requerimiento físico.

Mente que ayuda al esfuerzo, y esfuerzo que ayuda a la mente

Cuando hablamos de mente y deporte, lo primero que debemos tener bien claro es que una mente fuerte nos ayudará a esforzarnos y a ser constantes en el entrenamiento, pero también un entrenamiento constante, bien realizado, y con el suficiente esfuerzo que nos permita progresar va a hacer que nuestra mente se vea más fortalecida todavía.

El hecho de observar una progresión ascendente en el rendimiento físico obtenido, supone la mejor motivación para mantener la constancia y la dedicación en el entrenamiento, además de ser una de las mejores formas de aumentar nuestra autoestima y confianza en nosotros mismos.

Pero el ejercicio físico no solo supone un aumento de la motivación a nivel mental, sino que, además, también ayuda a mejorar enormemente el estado de salud de la mente a nivel general. El deporte es una de las vías de escape empleada por muchísima gente para desconectar de la rutina diaria, marcada por las preocupaciones laborales, la multitud de tareas a realizar dentro y fuera del trabajo, la carga familiar u otros de los innumerables problemas que nos podemos encontrar a diario. Actualmente no paramos de escuchar y leer en diferentes medios que el deporte es una de las mejores formas de combatir el estrés que padecemos cada día.

Otro de los efectos reconocidos del esfuerzo físico en relación con la salud mental, es el hecho de servir como parte de la terapia empleada para tratar depresiones, y también para prevenirlas. Cuando realizamos ejercicio, nuestro cerebro libera endorfinas, las cuales ayudan a generar un estado de mayor felicidad y euforia.

La ansiedad es otro de los problemas que padece alguna parte de la población. El ejercicio supone la liberación de neurotransmisores durante la práctica del mismo, y también horas después de haber terminado la sesión de entrenamiento. Esto permite, a la gente que padece este tipo de problema, calmarse y apaciguar la sensación de ansiedad durante buena parte del día.

No se puede olvidar, como aspecto destacado del efecto que tiene el deporte sobre el estado mental, de que este sirve para prevenir el deterioro de nuestro cerebro. Cuanto más mayores nos hacemos, mayor es el riesgo de empezar a padecer enfermedades que afectan de manera negativa al cerebro, como por ejemplo el Alzheimer.

Realizar ejercicio físico, especialmente entre los 20 y los 45 años, refuerza la cantidad de sustancias químicas y hormonas que ejercen un efecto preventivo frente a estas enfermedades, en este importante órgano de nuestro cuerpo. Si además, después de los 45 años, se sigue manteniendo un estilo de vida activo, realizando ejercicio cardiovascular de manera regular, las posibilidades de padecer algún tipo de enfermedad relacionada con el cerebro se verán reducidas más aún.

Seguimos enumerando beneficios que otorga la actividad física a nuestra mente, y es que la práctica regular de ejercicio permite también mejorar la memoria y la capacidad cognitiva, ya que se favorece la producción de células y neuronas responsables de estas acciones en el hipocampo. El ejercicio produce un proceso llamado neurogénesis, gracias al cual se generan nuevas neuronas y ello permite mejorar esta capacidad de aprendizaje y razonamiento.

El entrenamiento de la mente

Hasta ahora hemos conocido numerosos beneficios que puede otorgar la actividad física a nuestro cerebro, y que se van a conseguir como resultado de ejercitar nuestro organismo mediante la actividad deportiva.

Ahora es el momento de centrarse en el proceso opuesto, consistente en ejercitar nuestra mente para trasladar las mejoras obtenidas al plano físico. Hablar del entrenamiento de la mente es hablar de psicología; y como en todo entrenamiento, establecer una rutina va a ser fundamental.

No podemos obviar que, a nivel profesional, este tipo este tipo de “entrenamiento” resulta fundamental para afrontar determinados eventos, tales como una final, una prueba clasificatoria, o la necesidad de conseguir un resultado mínimo. Cualquier deporte va a presentar la necesidad de ser fuerte mentalmente en los momentos previos para afrontar determinadas pruebas, con el añadido de que en determinadas disciplinas deportivas se puede contar, durante una misma jornada, con numerosos momentos previos; por ejemplo:

El día de una final de fútbol o de baloncesto, únicamente va a tener lugar un partido, por lo que los momentos previos únicamente van a tener lugar antes del mismo, lógicamente. Sin embargo, en otros deportes como son la natación o el atletismo, a lo largo de una jornada se realizan diferentes pruebas, cada una de ellas con su momento previo.

Y, evidentemente, ser fuerte mentalmente en los momentos previos no es suficiente si después, a la hora de rendir, no se mantiene esa motivación y fortaleza.

¿En qué consiste una rutina psicológica?

Las rutinas psicológicas son, explicadas de manera genérica, acciones que realiza una persona, deportista en este caso, que le ayudan a centrar su atención en conseguir los mejores resultados, y a conseguir también la mejor ejecución técnica durante el desarrollo de una actividad deportiva.

Esta acción de centrar la atención buscará evitar la aparición de pensamientos negativos que puedan interferir en el rendimiento físico durante la prueba o entrenamiento; aumentar la confianza en uno mismo, y reducir el nivel de estrés que se pueda generar antes y durante el acto deportivo.

Todos estos factores, seguramente, los hayamos conocido nosotros mismos de primera mano. ¿Quién no ha pensado en desistir de realizar un determinado tiempo o de levantar cierto peso a mitad del proceso? ¿Quién no ha tenido dudas sobre su capacidad física momentos antes de realizar una prueba deportiva de cierta dureza o dificultad? ¿Quién no se ha sentido nervioso y estresado antes de realizar algún combate de artes marciales?

No hace falta ser deportista profesional para tener la necesidad de entrenar a nuestra mente con el objetivo de que sea fuerte en los momentos en que nuestro organismo también debe serlo. Conseguir retos personales, o alcanzar resultados notables a nivel local o provincial sin entrar en el apartado profesional son los casos más típicos que encontramos entre los deportistas que se tomas en serio en entrenamiento de cualquier disciplina.

Mediante una rutina psicológica, un deportista obtendrá una mayor confianza en la preparación física que ha realizado; entrará en una dinámica en la que su estado emocional será, en la mayoría de las ocasiones, positivo; las ganas de entrenar y superarse con el paso del tiempo serán una constante, así como en centrarse en realizar la mejor ejecución posible en todos los aspectos que se incluyan en el deporte que practique.

Las partes de una rutina psicológica

Una rutina psicológica va a presentar, como ya hemos avanzado a lo largo de este texto, dos partes diferenciadas: una, la que comprende los momentos previos a una competición o evento deportivo; y otro, el correspondiente al momento durante el cual se desarrolla dicha competición o evento. Evidentemente, estas situaciones se pueden extrapolar a aquellos entrenamientos importantes cercanos al día clave, y es algo que resultará muy recomendable, ya que de esta forma servirán también como propio entrenamiento para esta parte.

Antes de la competición (o entrenamiento)

Como su definición nos expresa, se trata de acciones que se deben llevar a cabo en el intervalo que abarca desde unas horas (o la noche) antes de la competición, a los momentos previos.

En este intervalo de tiempo, el objetivo que se busca alcanzar el de obtener mayor sensación de autocontrol sobre uno mismo, a la par que se aumenta la confianza de cara a poder conseguir el resultado objetivo.

Se deben tener en cuenta aspectos externos a nuestra mente como son el realizar una correcta alimentación que nos permita rendir físicamente al máximo, y también el descansar lo suficiente para evitar arrastrar cansancio acumulado.

En los momentos previos al evento, es conveniente, mientras se realizan los ejercicios de calentamiento muscular, el aprender a estar relajado mediante el diálogo interno con uno mismo, analizando las cualidades que se posee y recordando el tiempo que se ha estado entrenando hasta llegar a ese momento. Dependiendo del tipo de actividad deportiva a realizar, puede resultar positivo la visualización de videos relacionados con esta actividad.

Durante la competición (o entrenamiento)

En este caso nos encontramos ya en plena acción y es el tiempo durante el cual se van a dar los momentos más duros, ya que comenzará a hacer acto de presencia el cansancio, y dependiendo del deporte es posible que nuestro o nuestros adversarios se coloquen con ventaja.

Se debe aprender a dosificar el esfuerzo que se está realizando, evitando caer en un estado de pánico que nos haga darlo todo durante un breve intervalo de tiempo para que, durante el resto del acto deportivo, nos veamos obligados a “ir a remolque” o a dedicarnos a dejar hacer a nuestro rival o rivales. En definitiva, se trata de aprender a administrar nuestra energía, tanto si la situación es favorable, como si nos encontramos en desventaja.

Se sigue buscando lograr el control sobre nuestros pensamientos, en este momento enfocados a alejar aquellos que nos invitan a desistir de nuestro propósito; y buscar aquellos que nos hacen ver que podemos conseguir el objetivo.

¿Qué se debe tener en cuenta a la hora de establecer una rutina psicológica?

Sin duda, la persona más adecuada para crear una rutina psicológica adecuada para estas situaciones, no va a ser otra que uno mismo, ya que nadie mejor que la propia persona se conoce mejor a si mismo. Sin embargo, también es posible contar con la ayuda de un entrenador personal con conocimientos relacionados con este “lado” del deporte, el cual nos podrá dar consejos, y nos ayudará a perfeccionar esta rutina, o si es posible, contratar los servicios de un psicólogo deportivo, cuya labor se centra al 100% en crear este tipo de rutinas.

En cualquier caso, lo importante es que el grueso de acciones a realizar sean cosecha propia del mismo deportista que va a tener que realizar la rutina psicológica, averiguar qué momentos van a ser los más adecuados, e ir probando todo aquello incluido en la rutina en los entrenamientos que se van realizando a lo largo del año.

Aspectos psicológicos que se van a desarrollar con este tipo de rutinas

De la misma forma que el entrenamiento físico supone una mejora de la fuerza, la resistencia o la velocidad; el trabajo psicológico va a desarrollar diferentes aspectos relacionados con el apartado psicológico.

La autoconfianza va a ser uno de estos aspectos. Difícilmente se va a poder conseguir cualquier logro deportivo si una persona no es capaz de creer que puede alcanzar dicha meta. Por lo general, para alcanzar una cima deportiva, previamente se deben realizar diferentes entrenamientos que permiten alcanzar puntos intermedios situados entre el punto de partida y dicha cima. El hecho de poder avanzar, e ir alcanzando los citados puntos, van a ser el factor clave para generar ese sentimiento de confianza en uno mismo, y estos momentos serán los más adecuado para probar diferentes métodos psicológicos que nos permitirán ir confeccionando nuestra rutina.

Saber controlar el estrés será el segundo aspecto considerado. El estrés puede ser un enemigo que nos haga perder toda opción de conseguir el resultado esperado, o puede ser un aliado que nos obligue a seguir esforzándonos. ¿De qué va a depender? Del nivel en el cual este se presente en el momento de la competición.

Un nivel elevado de estrés resultará siempre negativo, ya que nos hará desviarnos de la correcta ejecución del ejercicio, favorecerá la entrada de pensamientos negativos, hará que nuestro pulso vaya acelerado, y generará dudas sobre nuestra capacidad física. Sin embargo, cierto nivel de estrés resulta positivo por el hecho de que impide que nos relajemos y que demos por hecho que vamos a conseguir lo que queremos sin realizar ningún esfuerzo más allá del que se ha venido realizando hasta este momento.

Saber situarse en un punto donde el estrés sea mínimo será la clave a buscar en este apartado de la rutina psicológica.

Por último, la mejora del grado de atención y de la concentración en el objetivo planteado van a ser el último factor que va a intervenir. Pensar en aquello que únicamente queremos conseguir, y en todo aquello que nos puede motivar para poder alcanzarlo va a resultar fundamental. De la misma forma que un trabajo requiere atención sobre lo que se está haciendo, la actividad física también va a requerir el hecho de permanecer concentrado y atento a aquello que está aconteciendo.