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Pilates y la columna vertebral

La columna vertebral, eje de nuestro cuerpo, se compone de 4 curvas: dos lordosis, una cervical y la otra lumbar, dos cifosis, una dorsal y la otra sacra. Para que la columna esté sana, estas curvas han de mantenerse en su posición óptima, es decir aproximadamente un 95% de estiramiento de la longitud total de la columna. Cualquier cambio en estas curvas, tanto en aumento (hiper) como en disminución (rectificación), provoca una serie de reacciones en el cuerpo como pueden ser desplazamientos (de la cabeza, de la caja torácica, bascula de la pelvis) y el acortamiento, debilidad o contractura muscular. 

Entre cada vértebra se encuentra un disco, un pequeño cojín, formado de un anillo y de un núcleo pulposo. Tiene las funciones de amortiguar las cargas y facilitar los movimientos de los cuerpos vertebrales entre sí.  Las estructuras de este disco llegan a sufrir cuando el movimiento se ve sometido a cargas excesivas o repetitivas hasta llegar a salir en parte de su ubicación, de allí el nombre de hernia que significa hacia fuera. La hernia crea dolor cuando empieza a presionar una raíz nerviosa y puede ser el origen de una lumbalgia, dorsalgia o cervicalgia.  

El método Pilates es una técnica de trabajo corporal que cuida de la columna por su enfoque hacia la musculatura tónica, es decir la musculatura estabilizadora, y a la vez hacia la musculatura fásica, es decir la que moviliza. Uno de sus pilares se basa en el alargamiento de la columna a través de las proyecciones y oposiciones. Consiste en llevar una parte corporal, en general la coronilla y/o los isquiones, hacia un punto concreto o imaginario. Se suele escuchar en una clase de Pilates “alarga la coronilla hacia el techo y opón con los isquiones hacia el suelo”. Esta forma de elongación axial implica una serie de músculos que en gran parte se dedican a estabilizar la columna para mantenerla alargada y respetar sus curvas. 

Dentro del método Pilates, hay una gran variedad de movimientos y ejercicios de la columna vertebral y eso se debe a la gran capacidad móvil que tiene este conjunto articular. Se recomienda movilizar la columna en todos sus planos.  Si tuviéramos que diseñar la evolución de un trabajo de columna dentro de una sesión de Pilates empezaríamos con ejercicios de estabilidad para implicar con más intensidad los músculos profundos, los estabilizadores, luego haríamos ejercicios en el plano sagital, los de flexión y extensión, son los más empleados en la rutina de movimientos de la vida diaria. En una segunda parte haríamos movimientos en planos frontal y transversal. Eso conlleva a trabajar la columna de forma progresiva para pasar de los movimientos más funcionales a los más delicados como puede ser la rotación en sedestación.