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Aditivos alimentarios perjudiciales o posiblemente cancerígenos

Aditivos alimentarios perjudiciales o posiblemente cancerígenos

¿Los aditivos alimentarios son cancerígenos? ¿Cuáles son los más peligrosos? ¿Debemos evitar todos los aditivos?

Estas son preguntas habituales que, en los últimos años, nos hacemos muy a menudo.

Y es que la búsqueda de estilos de vida saludables que buscan mejorar la calidad de vida y la longevidad cada vez es algo más habitual en nuestra sociedad.

Los aditivos alimentarios son sustancias que se añaden a los alimentos con el objetivo de mejorar su conservación, textura, sabor, color o estabilidad.

Son los conservantes, colorantes, edulcorantes, antioxidantes y potenciadores del sabor, y están regulados por organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Los aditivos se usan para que los productos tengan una mayor vida útil y sean más atractivos para quien los consume.

Como ya nos habremos dado cuenta, su presencia es casi omnipresente en los alimentos procesados, porque la industria necesita garantizar seguridad microbiológica, consistencia y rentabilidad a gran escala.

Sin aditivos, muchos productos no podrían almacenarse durante un tiempo prolongado ni transportarse fácilmente, lo que limitaría su disponibilidad.

Lo importante de todo esto, de cara a nosotros como consumidores, es que el consumo habitual de productos ultraprocesados con aditivos, se ha relacionado con un aumento de la inflamación crónica de bajo grado, necesaria para el desarrollo de enfermedades metabólicas y el envejecimiento acelerado.

Para un entrenador personal, conocer toda esta información es importante, ya que no solo entrena cuerpos, sino que influye en hábitos que afectan al rendimiento, la recuperación y la salud a largo plazo.

En este artículo vamos a ver qué aditivos alimentarios pueden ser potencialmente cancerígenos, perjudiciales, cómo identificarlos en las etiquetas. Y qué podemos hacer para evitarlos.

¿Qué es que un aditivo sea potencialmente cancerígeno, o perjudicial?

Cuando decimos que un aditivo es “potencialmente cancerígeno” o perjudicial, lo normal es que lo asociemos con una amenaza directa o peligro, cuando a lo que hace referencia es a que existe un riesgo.

  • El peligro hace referencia a la capacidad intrínseca de algo para causar daño en determinadas condiciones.
  • El riesgo, en cambio, depende de la exposición: cuánto se consume, con qué frecuencia y en qué contexto.

Es decir, una sustancia puede ser potencialmente peligrosa, pero no necesariamente representar un riesgo significativo en condiciones normales de consumo.

Para clasificar estos riesgos, la International Agency for Research on Cancer y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria tienen en cuenta la evidencia científica que hay hasta el momento.

La IARC clasifica las sustancias según su potencial carcinogénico (como posiblemente cancerígeno o probablemente cancerígeno), basándose en estudios en humanos, animales y mecanismos biológicos.

Sin embargo, esta clasificación indica si puede causar cáncer en alguna circunstancia, no la probabilidad de que ocurra en la vida real.

Por su parte, la EFSA analiza el riesgo en condiciones de consumo habituales y marca límites seguros, como la ingesta diaria admisible.

Otro factor importante es la dosis y la frecuencia.

En toxicología se debe atender al principio de que la dosis hace el veneno.

Muchos aditivos considerados seguros pueden ser perjudiciales si se consumen en cantidades altas o de forma constante durante años.

Además, el efecto acumulativo y la interacción con otros factores (como dieta general, estilo de vida o genética) también influyen en el resultado final.

Por eso es importante entender el contexto: no debemos obsesionarnos con eliminar completamente todos los aditivos, sino de reducir la ingesta innecesaria, sobre todo cuando hablemos de alimentos ultraprocesados.

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Nitritos y nitratos (E249–E252), y riesgo de cáncer

Los nitritos y nitratos (E249–E252) son aditivos muy utilizados en alimentación, sobre todo en carnes procesadas como embutidos, bacon o jamón cocido.

Su función principal la de hacer de conservantes, ya que frenan el crecimiento de bacterias peligrosas como Clostridium botulinum, alargan la vida útil del alimento y ayudan a tener el color rosado característico, además de potenciar el sabor.

El principal motivo de preocupación sobre los nitritos y nitratos es su capacidad para formar nitrosaminas, unas sustancias que pueden generarse cuando los nitritos reaccionan con proteínas en determinadas condiciones, como altas temperaturas (al freír) o en el ambiente ácido del estómago.

Nitritos y nitratos (E249–E252), y riesgo de cáncer

Las nitrosaminas han demostrado ser carcinogénicas en estudios experimentales, lo que ha llevado a investigar su peligro para la salud en las personas.

En estudios como el de la cohorte NutriNet-Santé, se ha vinculado el consumo abusivo de nitrato de potasio (e252) con un mayor riesgo de cáncer de mama, y del nitrito de sodio (e250) con un aumento en el riesgo de cáncer de próstata.

Se debe decir que los nitratos que hay de forma natural en vegetales no han mostrado esta asociación, posiblemente porque las frutas y verduras contienen antioxidantes naturales que inhiben la formación de nitrosaminas (NOCs).

Otros estudios epidemiológicos han visto asociaciones entre el consumo elevado de nitritos y nitratos en carnes procesadas y un mayor riesgo de cáncer colorrectal.

Hay que matizar que el riesgo depende del patrón de ingesta: no es lo mismo una ingesta ocasional que un consumo frecuente y elevado, aunque cuanto más lo evitemos, mejor.

¿Cómo podemos reducir el riesgo de los nitritos y los nitratos?

Pues podemos seguir varias estrategias prácticas.

En primer lugar, limitar el consumo frecuente de carnes procesadas y optar por fuentes de proteína más naturales.

También es recomendable cocinar de manera agresiva estas carnes, como freír a altas temperaturas, ya que esto favorece la formación de nitrosaminas.

Se debe aumentar el aporte de antioxidantes, en especial vitaminas C y E, ya que hacen de inhibidores de la formación de compuestos cancerígenos en el estómago.

Y, por último, podemos incluir fuentes de calcio y almidón resistente en la dieta, ya que han demostrado en estudios experimentales la capacidad de reducir el daño celular y la toxicidad en el colon que generan los nitritos y los nitratos.

Edulcorantes artificiales y riesgo de cáncer

Los edulcorantes artificiales como el aspartamo, la sacarina o la sucralosa se utilizan mucho en la industria alimentaria como sustitutos del azúcar.

Su principal ventaja es que dan un sabor dulce intenso con muy pocas o ninguna caloría, siendo ingredientes habituales en productos “light”, bebidas sin azúcar, chicles y suplementos.

Su objetivo es mejorar el perfil calórico manteniendo el sabor, lo que resulta adecuado en procesos de pérdida de peso o control glucémico.

Sin embargo, organismos como la International Agency for Research on Cancer han clasificado el aspartamo como posiblemente cancerígeno (Grupo 2B), aunque con evidencia limitada en humanos.

Por otra parte, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria dice que su consumo es seguro dentro de los límites establecidos.

Esta contradicción con dos enfoques distintos se debe a que uno evalúa el peligro potencial y otro el riesgo real en condiciones habituales.

Más allá del cáncer, uno de los aspectos donde más afectan los edulcorantes es en su relación con la microbiota intestinal y el metabolismo.

Algunos estudios han evidenciado que algunos edulcorantes pueden alterar la composición de la microbiota, lo que podría influir en la tolerancia a la glucosa, el apetito o la regulación de energía.

Edulcorantes artificiales y riesgo de cáncer

Desde un punto de vista práctico, no es necesario eliminar del todo estos edulcorantes, pero sí conviene evitar un consumo alto y crónico.

Pueden ser adecuados como herramienta puntual, por ejemplo, en contextos para bajar el consumo de azúcar.

Sin embargo, basar la dieta en productos ultraprocesados sin azúcar no es una estrategia adecuada para la salud ni la longevidad.

La recomendación más sensata es que optemos por alimentos reales, reducir poco a poco la dependencia del sabor dulce y utilizar estos edulcorantes de forma ocasional y con cabeza, dentro de un patrón dietético adecuado.

Colorantes artificiales (E102, E110, E129 o rojo 40) y peligros

Los colorantes artificiales como E102 (tartrazina) y el E110 (amarillo ocaso) o se utilizan mucho en la industria alimentaria para mejorar el aspecto visual de los alimentos.

Su función principal es hacer los alimentos más atractivos y uniformes, sobre todo en ultraprocesados como refrescos, golosinas, cereales infantiles, salsas o bollería industrial.

El color influye mucho en la percepción del sabor y la calidad, por lo que estos aditivos tienen mucho efecto comercial.

En cuanto a los peligros para la salud de los colorantes artificiales, algunos estudios han visto que ciertos colorantes pueden generar estrés oxidativo o reacciones inflamatorias en modelos animales, aunque la evidencia en humanos sigue siendo limitada.

Donde sí hay mayor consenso es en su posible relación con alteraciones del comportamiento en niños, sobre todo en casos de hiperactividad, lo que ha llevado a crear advertencias específicas en algunos productos dentro de la Unión Europea.

Colorantes artificiales (E102, E110, E129 o rojo 40) y peligros

Respecto al cáncer, los organismos reguladores como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y la Food and Drug Administration consideran que estos colorantes son seguros dentro de los límites de ingesta establecidos.

Hasta la fecha, no hay evidencia en humanos que confirme una relación directa entre su consumo habitual y el desarrollo de cáncer.

Desde un enfoque práctico, la mejor estrategia respecto a colorantes artificiales es la reducción del consumo de alimentos ultraprocesados, que son la principal fuente de estos aditivos.

Es mejor optar por productos frescos o poco procesados, ya que se reduce la exposición.

Además, cada vez más fabricantes utilizan productos naturales como extractos de cúrcuma, remolacha o pimentón para conseguir color sin compuestos sintéticos.

Caso especial del colorante Rojo 40 y peligros

El Rojo 40 (Allura Red AC) es el colorante sintético más habitual en las dietas modernas, utilizado en bebidas, dulces, salsas y otros productos, siendo un derivado del petróleo.

Su función es solo estética buscando un color que haga los alimentos ultraprocesados más atractivos.

Se ha visto que el Rojo 40 puede ser peligroso al causar daño directo al ADN.

Su ingesta crónica, sobre todo si es combinada con dietas de estilo occidental, genera inflamación colónica de bajo grado, altera el microbioma y se asocia con mutaciones funcionales en el gen p53, necesario para la prevención de tumores.

De hecho, su uso habitual en la industria coincide temporalmente con el aumento mundial del cáncer colorrectal en jóvenes.

Lo podemos identificar en la etiqueta como Rojo 40, FD&C Rojo nº 40, Rojo Allura AC o E129.

Para reducir los peligros el E129, deberemos aportar niveles adecuados de calcio, vitamina D y antioxidantes, ya que han demostrado reducir el riesgo de lesiones precancerosas en el intestino.

Aditivos BHA y BHT (E320–E321) y peligros

El BHA (butilhidroxianisol, E320) y el BHT (butilhidroxitolueno, E321) son antioxidantes sintéticos utilizados en los alimentos para prevenir la oxidación de las grasas y aceites.

Su función principal es evitar que los alimentos se enrancien, alargando su vida útil y manteniendo el sabor y estabilidad.

Los encontramos en productos como snacks, cereales, bollería industrial, chicles, margarinas y algunos alimentos precocinados.

La alarma sobre los BHA y BHT se debe principalmente de estudios en animales.

  • En modelos experimentales, sobre todo con dosis elevadas, se ha visto que el BHA tiene capacidad para inducir tumores en algunos órganos, lo que llevó a que la International Agency for Research on Cancer lo clasificaran como posiblemente cancerígeno para humanos (Grupo 2B).
  • En los BHT, los resultados son más inconsistentes, ya que algunos estudios han visto efectos pro-oxidantes o alteraciones hormonales a altas dosis, mientras que otros no han visto efectos relevantes.

En humanos, la evidencia es más limitada y no concluyente.

Organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria consideran que BHA y BHT son aditivos seguros dentro de los niveles de ingesta establecidos.

Como siempre, el peligro de los BHA y BHT está en el posible impacto del consumo crónico a largo plazo y en la exposición acumulativa cuando lo comemos en distintas fuentes.

Aunque BHA y BHT se utilizan como antioxidantes en alimentos, en algunas condiciones podrían comportarse de forma contraria, creando estrés oxidativo, lo cual está relacionado con el envejecimiento y diversas enfermedades crónicas.

Para reducir la exposición a BHA y BHT deberemos limitar el consumo de ultraprocesados, donde son más frecuentes.

Por lo tanto, aunque no hay evidencia concluyente de riesgo en humanos a niveles habituales, es mejor reducir su consumo buscando mejorar la salud a largo plazo.

Aceites parcialmente hidrogenados (grasas trans) y peligros

Aceites parcialmente hidrogenados (grasas trans) y peligros

Los aceites parcialmente hidrogenados son una fuente industrial de grasas trans, un tipo de grasa que se consigue de los aceites vegetales líquidos sometidos a un proceso de hidrogenación parcial.

Este proceso modifica su estructura química para hacerlos más sólidos, estables y resistentes a la oxidación.

Aunque muchas veces no se asocian como un aditivo en el sentido que entendemos, en la práctica buscan mejorar la textura, alargar la vida útil y abaratar costes en productos como bollería industrial, snacks, fritos y ultraprocesados.

Desde el punto de vista de la salud, el efecto de los aceites parcialmente hidrogenados se ha visto en bastantes estudios, sobre todo en relación con la inflamación y las enfermedades cardiovasculares.

Las grasas trans suben el colesterol LDL (malo) y reducen el HDL (bueno), además de generar un estado de inflamación crónica de bajo grado.

Este tipo de inflamación es un factor importante en el desarrollo de varias patologías, como resistencia a la insulina y enfermedades metabólicas.

Aunque las grasas trans no están clasificadas directamente como carcinógenas, su relación con el cáncer es indirecta pero importante.

La inflamación crónica, el estrés oxidativo y las alteraciones metabólicas que generan las grasas trans generan un entorno biológico que favorece el desarrollo y progresión de tumores.

Es decir, no actúan como un agente cancerígeno directo, pero sí generan un entorno adecuado para la enfermedad.

Por ello, se han ido implantando medidas para eliminar las grasas trans industriales los alimentos.

Lo más recomendable es evitar productos que incluyan aceites parcialmente hidrogenados.

Se debe optar por alimentos frescos, grasas saludables (como aceite de oliva o frutos secos) y minimizar el consumo de ultraprocesados.

Glutamato monosódico (E621), potenciadores de sabor y peligros

Glutamato monosódico (E621), potenciadores de sabor y peligros

El glutamato monosódico (E621) es uno de los potenciadores del sabor más utilizados en la industria alimentaria.

Su función principal es intensificar el sabor conocido como umami, un gusto básico asociado a alimentos altos en proteínas.

Se encuentra de forma natural en alimentos como el tomate, el queso curado o los hongos, pero en su versión industrial se añade a sopas preparadas, snacks, salsas, platos precocinados y comida rápida para darles más sabor y, en muchos casos, más adictivos desde el punto de vista sensorial.

Aunque organizaciones como la FDA y la EFSA lo consideran seguro bajo ciertos límites, hay bastante debate sobre sus efectos a largo plazo.

El peligro del glutamato monosódico se debe a que actúa sobre los receptores de glutamato en el sistema nervioso central, pudiendo liberar neurotransmisores que alteran procesos fisiológicos.

Estudios preclínicos han relacionado su ingesta con neurotoxicidad, obesidad y estrés oxidativo.

Hay una preocupación importante debido a la evidencia de genotoxicidad, ya que algunos estudios han visto que el glutamato monosódico puede causar daño al ADN y promover el desarrollo de tumores en modelos experimentales.

En cuanto a su relación con enfermedades graves como el cáncer, no hay evidencia sólida que lo vincule directamente.

Con estos datos, ¿hay un riesgo real de tomar glutamato monosódico?

En términos de toxicidad o carcinogenicidad, la respuesta es que no parece haberlo en condiciones habituales.

Sin embargo, el problema está en el contexto en el que se consume.

El glutamato se encuentra principalmente en alimentos ultraprocesados, que suelen ser hipercalóricos, bajos en nutrientes y asociados a patrones dietéticos poco saludables.

En estudios se ha visto que las vitaminas A, C, D y E pueden hacer un papel protector, ayudando a las células a combatir el estrés oxidativo provocado por el glutamato.

También, la curcumina ha demostrado ser eficaz para prevenir el daño cognitivo y neural al equilibrar los niveles de glutamato en el organismo.

Desde un enfoque práctico, no es necesario evitarlo del todo, pero sí debemos limitar el consumo de productos que lo contienen de manera habitual.

Otros aditivos alimentarios que pueden ser peligrosos

Otros aditivos alimentarios que pueden ser peligrosos

Además de los aditivos que hemos visto hasta el momento, hay otros compuestos muy utilizados en la industria alimentaria que se ha visto que pueden tener efectos negativos sobre la salud.

Los carragenanos (E407) se utilizan como espesantes y estabilizantes en lácteos, bebidas vegetales, salsas y postres.

Su función es mejorar la textura y evitar la separación de ingredientes.

Aunque están aprobados por organismos reguladores como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, algunos estudios han visto que algunas formas degradadas podrían provocar inflamación intestinal en modelos animales.

En humanos, la evidencia es limitada y no concluyente, pero se sigue investigando su posible impacto en personas con sensibilidad digestiva o enfermedades intestinales.

Los benzoatos (como el benzoato de sodio) se usan como conservantes para evitar el crecimiento de bacterias y hongos en bebidas, salsas y alimentos ácidos.

Su seguridad se considera aceptable en niveles regulados, pero algunos estudios han visto una posible relación con hiperactividad en niños cuando se combinan con colorantes artificiales.

Además, en situaciones específicas pueden crear trazas de benceno, lo que es potencialmente cancerígeno, aunque los niveles en alimentos suelen ser muy bajos y controlados.

Los fosfatos se utilizan como estabilizantes, reguladores de acidez y mejoradores de textura, sobre todo en carnes procesadas, productos de panadería y bebidas.

Se ha visto que un exceso de fósforo en la dieta, sobre todo en combinación con una función renal no adecuada, podría crear alteraciones metabólicas y cardiovasculares.

Algunos estudios también han relacionado dietas altas en fosfatos añadidos con envejecimiento acelerado y calcificación vascular.

Por lo tanto, la recomendación general es la moderación y la reducción del consumo de alimentos ultraprocesados, que son la principal fuente de exposición a este tipo de compuestos.

reducción del consumo de alimentos ultraprocesados

Cómo identificar y evitar aditivos potencialmente peligrosos

Identificar y reducir la ingesta de aditivos peligrosos en alimentos va a ser algo que deberemos incorporar a nuestra práctica diaria.

Debemos aprender a leer etiquetas correctamente.

En la lista de ingredientes, los aditivos suelen aparecer con su nombre técnico o con el código “E” (por ejemplo, E250, E621).

Cuanto más larga y compleja sea la lista, mayor suele ser el grado de procesamiento del producto.

Estos aditivos se aparecen principalmente en alimentos ultraprocesados.

No hay que obsesionarse con eliminarlos por completo, sino de entender que son la principal fuente de exposición habitual.

Va a ser bueno que apliquemos la regla de menos ingredientes, mejor.

Elegir productos con etiquetas cortas y que se entienden reduce la ingesta de aditivos peligrosos.

Otra medida es priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados como frutas, verduras, legumbres, huevos, carnes frescas y frutos secos.

¿Qué aditivos hay que evitar mayormente en alimentos?

Más que intentar eliminar todos los aditivos, lo más adecuado es evitar aquellos con mayor evidencia de riesgo.

En primer lugar, conviene reducir al máximo los nitritos y nitratos (E249–E252) de carnes procesadas, ya que su consumo frecuente se ha asociado a mayor riesgo de cáncer en estudios epidemiológicos.

En segundo lugar, es recomendable limitar las grasas trans de aceites parcialmente hidrogenados, por su clara relación con inflamación, enfermedad cardiovascular y envejecimiento metabólico.

Se debe moderar el consumo de ciertos edulcorantes artificiales como el aspartamo o la sucralosa, por su posible impacto en microbiota y hábitos alimentarios.

Lo importante no es el aditivo aislado, sino su presencia en alimentos ultraprocesados.

Referencias

 


La información que encuentras aquí está pensada únicamente con propósitos educativos e informativos. No pretende, bajo ninguna circunstancia, ser un sustituto del asesoramiento, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Siempre que tengas alguna preocupación de salud, es crucial que consultes a un profesional de la salud cualificado.
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