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El Yoga, ¿qué beneficios nos puede aportar?

El Yoga, ¿qué beneficios nos puede aportar?

El entrenamiento de nuestro cuerpo supone seguir una rutina, la cual será más o menos estricta en función del objetivo que se haya planteado alcanzar y del tiempo que se dispone para ello. Normalmente, cuando pensamos en entrenar, lo primero que nos viene a la mente es la realización de grandes esfuerzos, levantar una gran cantidad de kilos, recorrer una distancia en el menor tiempo posible...

Todo esto son acciones que suponen la realización de un enorme sacrificio físico, el cual debe ir acompañado de una dieta acorde a la actividad física que se le solicita al cuerpo para que, de esta manera pueda rendir al máximo de sus posibilidades, además de no padecer ningún tipo de carencia que pueda afectar a nuestra salud.

Por lo tanto, tenemos en este punto dos aspectos clave: un entrenamiento del cuerpo adecuado, y una dieta a la par del mismo; pero se debe tener en cuenta otro aspecto clave que interviene de manera importante en el mundo del entrenamiento físico: nuestra mente.

Se puede realizar deporte por muchos motivos, desde dedicarse profesionalmente, pasando por la afición a uno en concreto, y llegando a una recomendación médica convirtiéndose en una obligación. Cada persona tiene unos objetivos distintos, y en muchos casos, el deporte se suele compaginar con la vida laboral de forma que este supone una vía de escape o desconexión de la rutina del día a día.

Es por ello que, tras todo el día trabajando, o antes de comenzar a trabajar, determinadas personas no se sientan con ganas de someterse a un elevado esfuerzo físico. Para estas personas, una de las mejores opciones que existen es la de realizar alguna disciplina deportiva que permita relajar tanto la mente como la musculatura del cuerpo, y para alcanzar dicho fin, el yoga es una de las mejores opciones que se pueden elegir.

Lo primero, ¿qué es el yoga?

Antes de nada, se debe matizar que el yoga no constituye un deporte en sí mismo, como puede ser el fútbol, el ciclismo o el balonmano. El yoga es una disciplina que aúna la parte física de nuestro cuerpo con la parte mental.

Para alcanzar esta unión, el yoga se sirve de la realización de determinadas posturas y movimientos corporales, los cuales permiten conseguir la unión del cuerpo y de la mente. Estas posturas son conocidas como asanas, de forma que existe un amplio catálogo que se debe ir aprendiendo con el tiempo y la experiencia.

El yoga tiene su origen en la India, donde apareció alrededor del año 1600 a. C., pero no fue hasta la década de los años 60 cuando esta disciplina llegó al mundo occidental, adquiriendo con el paso de los años cada vez una popularidad mayor.

El yoga se divide en nueve ramas, las cuales forman lo que se conoce como árbol del yoga, y que da lugar a los diferentes tipos de yoga que se pueden practicar.

En occidente, el tipo de yoga más habitual practicado en occidente es el Hatha yoga o yoga de la fuerza, cuyas asanas o posiciones corporales proporcionan serenidad física y mental, pudiendo permanecer cuando ya se tiene cierta experiencia durante horas en una misma postura sin sufrir cansancio alguno.

¿Qué otras ramas del yoga existen?

Además del Hatha yoga, existen otras ramas dentro de esta disciplina que pueden ser practicadas, aunque es cierto que a este lado del mundo no se encuentran muy extendidas o no son muy conocidas hasta ahora, gracias a la expansión que está sufriendo el yoga cada vez resulta más fácil encontrar centros en los cuales la oferta es muy amplia.

Las principales ramas que encontramos son el Jñana yoga, el cual se centra en el concepto del aprendizaje y del conocimiento; el Karma yoga, centrado en purificar el alma; el Bhakti yoga, famoso por se practicado por el movimiento Hare Krishna, tiene una faceta mucho más religiosa que cualquier otra rama; o el Asthanga yoga, posiblemente la rama más completa en la cual se incluyen asanas, pranayamas o ejercicios de respiración, y mantras o ejercicios de sonido. Con esta última rama se dice que se puede realizar un trabajo que abarca desde el cuerpo hasta el alma de la persona que lo practica.

¿En qué consiste una clase de yoga?

Una vez estamos en conocimiento de que es el yoga, es el turno de aprender en que consiste una clase de esta disciplina.

Lo primero que se debe tener en cuenta es que, dependiendo del tipo de rama de yoga practicado, la estructura de una sesión va a variar en algunos aspectos, por lo que a continuación se describe se ciñe a la rama Hatha, ya que es la que, con mayor probabilidad, practique cualquier persona que desee iniciarse en este mundo termine practicando.

Las clases comienzan con un calentamiento en el que se trabaja la respiración mientras se permanece sentado sobre el suelo, una esterilla, o sobre un cojín, con las piernas cruzadas sobre sí mismas. El objetivo de esta parte de la clase es centrar la atención en el cuerpo y prepararse para realizar los movimientos que vendrán a continuación.

Una segunda parte del calentamiento se centra en realizar una serie de suaves estiramientos musculares de todo el cuerpo, empezando generalmente por las piernas, y subiendo hasta llegar al cuello.

El siguiente punto a desarrollar consiste en una serie de ejercicios de fuerza boca abajo, con el objetivo de estirar la espalda, los brazos y las piernas.

Algo prácticamente omnipresente en cualquier clase de yoga es realizar el saludo al sol, el cual resulta ser un ejercicio muy completo que consta de una serie de posturas, que se deberán repetir 4 o 5 veces.

El grueso de posturas a realizar suele comenzar en posición sentada, desde la cual se estiran brazos, piernas y espalda; además de torsiones.

Las posturas sobre los hombros suelen ser posiciones invertidas las cuales generan el flujo de sangre hacia la cabeza y permite liberar las piernas. Se suelen practicar durante unos 10 minutos.

A continuación, se realizan ejercicios y posturas boca abajo, los cuales resultan beneficiosos para la zona lumbar y la cadera.

El último set de asanas o posturas se suele realizar de pie, para dar paso ya al último bloque de la clase, consistente en relajarse y meditar durante unos minutos.

Como hemos apuntado, esto es una estructura general que, evidentemente, puede variar en función del tipo de yoga practicado, y del centro en el cual se imparta la clase, pero los contenidos siempre suelen coincidir en su gran mayoría.

¿Qué beneficios puede aportarnos la práctica del yoga?

Si hasta ahora no conocíamos el yoga, nos habremos dado cuenta de que se trata de una disciplina totalmente contraria a cualquier deporte o actividad física que podamos practicar de forma habitual, en las cuales existe una preocupación por mejorar el tiempo anterior, por conseguir mayor masa muscular, por perder grasa acumulada... en definitiva, motivos u objetivos que nos pueden hacer mejorar, pero que conllevan un cierto grado de estrés mental.

En cambio, el yoga permite alcanzar un estado mental de tranquilidad y armonía, ayudando a hacer más llevaderos los problemas del día a día.

Mejora de la capacidad física y de la salud en general.

La principal beneficiada de la práctica del yoga es nuestra mente, y este hecho tiene una enorme repercusión sobre el estado físico de nuestro cuerpo. Sirve como ejemplo la práctica de cualquier otro deporte durante un día que se tienen mil preocupaciones en la cabeza, en el que no se está centrado y en el que se hace ejercicio simplemente "por hacer"; y poniendo en el otro lado la práctica de ese mismo deporte un día en el no existen esas preocupaciones y la actitud es mucho más positiva. Seguramente, en el segundo caso, el trabajo físico sea mucho mayor y más efectivo que en el primero.

El bienestar mental alcanzado gracias al yoga no solo repercutirá físicamente en la práctica del mismo, sino que se verá reflejado en cualquier otra actividad que realicemos.

Por otra parte, un bienestar mental es totalmente necesario para contar con un buen estado de salud general, ya que este estado no solo es la ausencia de dolor físico o de enfermedad.

Ayuda a la pérdida de peso

Practicar yoga no es para nada semejante a la práctica de cualquier actividad física aeróbica, en la que nuestro metabolismo se ve acelerado y, con ello, se produce un elevado consumo energético y de grasas almacenadas.

Sin embargo, esta disciplina despierta la sensibilidad de la persona que lo practica respecto de su propio cuerpo, por lo que resulta muy habitual que los practicantes de yoga cambien sus hábitos alimenticios por otros más saludables y equilibrados, de manera que, junto a cualquier otra actividad física, por muy ligera que sea, se produce una pérdida de la grasa almacenada en el organismo.

Alivio de molestias musculares y contracturas

El hecho de padecer contracturas, molestias musculares, tensiones... es algo tremendamente habitual, no solo centrándonos en personas deportistas, sino haciendo referencia a la población en general.

Las posturas practicadas en el yoga permiten el estiramiento y relajación de la musculatura, de forma que, tras cada sesión, además de la relajación mental adquirida, se conseguirá también una relajación muscular la cual será muy beneficiosa, tanto para las actividades a realizar en el día a día, como para servir de complemento a otras disciplinas deportivas.

Mejora y fortalecimiento del sistema inmunológico

El cuerpo humano es un conjunto armonizado de diferentes elementos, entro los que se encuentra el propio cuerpo (la parte física), y la mente. Entre estos elementos existen interacciones, de manera que algo que afecte a uno de ellos, puede repercutir sobre el resto.

Una situación que afecte al cuerpo, como puede ser una lesión o un defecto estético, puede repercutir sobre la mente en forma de preocupación, depresión o estrés. El mismo caso ocurre en sentido contrario, ya que un estado mental alterado debido a estrés, inquietudes o depresiones se puede ver reflejado en el estado del sistema inmunológico, algo que puede derivar en mayor facilidad para contraer enfermedades o infecciones.

Mediante la práctica del yoga se logrará reforzar esta cadena formada por la mente, la cual es la principal beneficiada, unida al sistema inmunológico, y terminada por nuestro estado físico y de salud general.

Aumento de la vitalidad y de la energía

Ya hemos comentado a lo largo de este artículo la importancia que tiene el estado mental para conseguir alcanzar un buen estado físico. La práctica del yoga ayuda a mejorar enormemente este estado, consiguiendo con ello aumentar la vitalidad y la energía al realizar cualquier tarea, ya sea en el ámbito laboral, doméstico, o simplemente cuando se está disfrutando del tiempo de ocio y descanso.

No se debe olvidar que el cansancio no es solo un aspecto físico, sino que, en un gran número de ocasiones, y especialmente en la época actual en la que nos encontramos, el factor mental influye enormemente en este sentido.

Mejora postural y de la flexibilidad

Sin duda, uno de los principales beneficios a nivel físico que se adquiere gracias a la realización del yoga, es el mejorar la flexibilidad y la postura corporal.

Las posturas realizadas durante las clases permiten trabajar la musculatura de nuestro cuerpo de manera suave, y nos obligan a mantener la espalda recta y erguida en todo momento, algo que influirá en nuestra postura a la hora de caminar o estar sentados.

Mejora del sistema cardiovascular

Otro beneficio a nivel físico que se obtiene de la realización de esta disciplina es el de hacer trabajar a nuestro sistema cardiovascular. El hecho de mantener las diferentes posturas a lo largo de la clase, unido al control de la respiración, hacen la circulación sanguínea se vea potenciada, haciendo trabajar a dicho sistema.

Mejora de la respiración

Otro aspecto importante relacionado con nuestro cuerpo, y que normalmente se suele pasar por alto, es la respiración. Este aspecto se trabaja en medida en cada clase de yoga realizada, algo que resulta enormemente útil, ya que el estrés cotidiano suele afectar en este sentido.

La respiración influye, además de en el aporte de oxígeno a nuestro organismo, en nuestro estado de relajación mental y físico.

¿Resulta apto para todo el mundo?

Por lo general, cualquier disciplina deportiva siempre presenta mayores o menores restricciones referidas a las personas que pueden practicarla. En el caso del yoga, estas restricciones son muy pequeñas, ya que resulta ser una actividad que puede ser practicada casi por cualquier persona.

Adolescentes, personas que ya se encuentran en la tercera edad, mujeres embarazadas, personas con cierta movilidad reducida... son algunos ejemplos de colectivos o grupos que se verían limitados para realizar otro tipo de actividad pero que, sin embargo, no presentarían casi ningún problema para realizar yoga; es más, los beneficios que se obtienen de esta actividad pueden favorecerles enormemente.