
La rotura del tendón de Aquiles es una de las lesiones más temidas por cualquier persona que hace deporte.
Suele llegar de golpe, en un arranque o en un salto, y obliga a parar durante meses.
Además, es una lesión cada vez más frecuente: en Dinamarca, por ejemplo, los casos no han dejado de aumentar en los últimos 20 años, sobre todo en personas de más de 50 años.
Para un entrenador personal, conocer cómo se produce esta lesión, a quién afecta más y cómo se recupera va a ser importante, tanto para prevenirla en sus clientes como para acompañarles en la vuelta al entrenamiento.
En este artículo vamos a ver qué es el tendón de Aquiles, por qué se rompe, cuáles son sus síntomas, cómo se trata con y sin cirugía, qué dicen los estudios sobre qué opción es mejor, cómo es la recuperación y qué podemos hacer para prevenirla.
¿Qué es el tendón de Aquiles?
El tendón de Aquiles, también llamado tendón calcáneo, es el tendón más grande y fuerte de nuestro cuerpo.
Se sitúa en la parte de atrás de la pierna, justo encima del talón, y une los músculos de la pantorrilla (los gemelos y el sóleo) con el hueso del talón, el calcáneo.
Gracias a él podemos empujar el suelo con la punta del pie al andar, correr, saltar o subir escaleras.
Aunque es muy resistente, soporta cargas muy altas: en cada zancada o en cada salto transmite al pie la fuerza de la pantorrilla, que puede llegar a ser varias veces el peso del cuerpo.
¿Qué lesiones puede sufrir el tendón de Aquiles?
El tendón de Aquiles puede sufrir diversas lesiones, entre ellas:
- Tendinitis o tendinopatía: dolor e inflamación del tendón, casi siempre por sobrecarga.
- Tendinosis: degeneración del tendón, que se va debilitando con el tiempo.
- Bursitis: inflamación de la bursa, una pequeña bolsa de líquido que hay entre el tendón y el talón.
- Rotura: el tendón se rompe del todo o en parte. Es la lesión más grave, y en la que nos vamos a centrar.
¿Por qué se rompe el tendón de Aquiles?

Lo más habitual es que la rotura se produzca haciendo deporte, en un gesto brusco.
Por ejemplo:
- Un arranque o un cambio de ritmo repentino.
- El impulso de un salto.
- Un mal apoyo que dobla el pie hacia arriba de golpe (flexión dorsal) mientras la pantorrilla está contraída, como al pisar en falso un escalón.
En todos estos casos, el tendón recibe una carga mayor de la que puede aguantar en ese momento.
Muchas veces el tendón ya estaba algo debilitado antes de romperse, por una tendinopatía previa, por la edad o por falta de entrenamiento, aunque la persona no tuviera ninguna molestia.
¿Quién tiene más riesgo de rotura del tendón de Aquiles?
Un estudio con todos los casos de Dinamarca durante 20 años, más de 33.000 roturas, vio que los hombres la sufren tres veces más que las mujeres, y que la edad media es de unos 45 años.
También vio que los casos aumentan, sobre todo, en las personas de más de 50 años.
Los principales factores de riesgo son:
- Edad: es más frecuente a partir de los 30 años, en la mediana edad, y cada vez más por encima de los 50.
- Sexo: los hombres tienen bastante más riesgo que las mujeres.
- Deporte ocasional: el típico deportista de fin de semana, que hace esfuerzos intensos sin estar entrenado ni calentar bien.
- Deportes con arranques y saltos: fútbol, pádel, squash, tenis, baloncesto o correr.
- Sobrepeso: aumenta la carga que soporta el tendón.
- Infiltraciones de corticoides: a veces se inyectan en la zona para aliviar el dolor y la inflamación, pero pueden debilitar el tendón y se han asociado a su rotura.
- Algunos antibióticos: las fluoroquinolonas, como el ciprofloxacino o el levofloxacino.
En el caso de estos antibióticos, un estudio con más de 1.300 roturas vio que tomarlos multiplica por cuatro el riesgo de rotura, y que el riesgo es todavía mayor en las personas de más de 60 años que toman a la vez corticoides.
Por eso, si una persona mayor o que hace mucho deporte tiene que tomarlos, conviene que lo hable con su médico y que no haga esfuerzos fuertes mientras dure el tratamiento.
¿Cuáles son los síntomas de la rotura del tendón de Aquiles?
Los síntomas más habituales son:
- Un dolor repentino en la parte de atrás del tobillo o de la pantorrilla, como si te hubieran dado una patada o una pedrada.
- Un chasquido en el momento de la lesión.
- Dificultad para empujar con el pie al andar o al subir escaleras.
- No poder ponerse de puntillas con esa pierna.
- Hinchazón y hematoma en la zona.
Hay que tener en cuenta que muchas personas pueden seguir andando, aunque cojeando, así que poder andar no descarta la rotura.
Ante la sospecha, hay que poner hielo, no apoyar el pie y acudir al médico.
Normalmente basta con explorar el tobillo para saber si el tendón está roto. Una de las pruebas más usadas consiste en apretar la pantorrilla con la persona tumbada boca abajo: si el tendón está entero, el pie se mueve hacia abajo; si está roto, el pie no se mueve.
Si hace falta, se confirma con una ecografía o una resonancia.
¿Cómo se trata la rotura del tendón de Aquiles?
Hay dos formas de tratarla: sin cirugía (tratamiento conservador) o con cirugía.
La decisión la toma el traumatólogo según el tipo de rotura, la edad y la actividad de cada persona.
Tratamiento conservador (sin cirugía)

El tratamiento conservador sirve para las roturas parciales y también para muchas roturas completas.
Consiste en inmovilizar el tobillo con el pie apuntando hacia abajo, con una férula o con una bota con alzas en el talón, durante unas 6 a 8 semanas.
Así, los dos extremos del tendón se mantienen juntos y pueden cicatrizar.
Hoy se tiende a apoyar el pie pronto y de forma progresiva con la bota, siempre según indique el médico, y a empezar a mover el tobillo antes que hace unos años. Es lo que se conoce como rehabilitación funcional acelerada.
Su principal ventaja es que se evitan los riesgos de la operación y de la anestesia.
Tratamiento con cirugía
En la operación, el cirujano hace una incisión en la parte de atrás de la pierna, junto al tendón, o varias incisiones pequeñas en la cirugía mínimamente invasiva, y cose los dos extremos del tendón roto.
Después se inmoviliza el tobillo con una férula durante unas dos semanas, y luego con una bota con la que se va apoyando el pie de forma progresiva, antes de empezar la rehabilitación.
Su principal ventaja es que el riesgo de que el tendón se vuelva a romper es algo menor.
Como inconvenientes, tiene los riesgos de cualquier operación: infección o problemas de cicatrización de la herida, lesión de algún nervio de la zona y los propios de la anestesia.
¿Qué es mejor, operar o no operar?
Durante años se pensó que la cirugía era la mejor opción para las roturas completas, pero los estudios de las últimas décadas han cambiado esta idea.
Un ensayo realizado en Canadá con 144 pacientes comparó la cirugía con el tratamiento sin cirugía, en ambos casos con rehabilitación funcional acelerada. Los resultados en fuerza, movilidad y función fueron muy parecidos: se volvió a romper el tendón en 2 pacientes operados y en 3 sin operar, y hubo más complicaciones en los operados (13 frente a 6).
Un metaanálisis publicado en el BMJ, que reunió 29 estudios con casi 16.000 pacientes, vio que la cirugía reduce las nuevas roturas (un 2,3% frente a un 3,9% sin cirugía), pero tiene más complicaciones (un 4,9% frente a un 1,6%), sobre todo infecciones.
Además, cuando se usaba rehabilitación funcional acelerada, la diferencia en las nuevas roturas dejaba de ser significativa.
Por último, un gran ensayo noruego publicado en 2022 en el New England Journal of Medicine, con 554 pacientes, comparó el tratamiento sin cirugía, la cirugía abierta y la mínimamente invasiva. Al año, los tres grupos tenían una función muy parecida.
Las nuevas roturas fueron más frecuentes sin cirugía (6,2% frente a 0,6%), pero las lesiones de nervios fueron más frecuentes con cirugía.
Por eso, hoy en día el tratamiento sin cirugía es una opción tan válida como la operación para muchas personas, y en algunos países ya es la más utilizada. La cirugía se suele reservar más para deportistas y personas jóvenes y muy activas, en las que una nueva rotura sería especialmente grave.
¿Cómo es la recuperación de una rotura del tendón de Aquiles?
Con o sin cirugía, la recuperación es larga y necesita paciencia.
Después del periodo con la bota, empieza la rehabilitación, que dirige el fisioterapeuta y que suele seguir estas fases:
- Recuperar la movilidad del tobillo, de forma progresiva y sin forzar.
- Volver a andar con normalidad, primero con la bota y después con calzado normal.
- Fortalecer la pantorrilla, empezando con ejercicios suaves y aumentando la carga poco a poco, hasta poder hacer elevaciones de talones con una sola pierna.
- Volver a correr y a saltar, y por último a los cambios de dirección y a los gestos propios de cada deporte.
La mayoría de las personas vuelven a sus actividades normales en unos 4 a 6 meses, y la vuelta a deportes con saltos y arranques suele tardar más.
En esta última fase, un profesional formado en readaptación de lesiones es de gran ayuda para que la vuelta al deporte sea progresiva y segura, y para evitar una recaída.
¿Cómo prevenir la rotura del tendón de Aquiles?

No hay ninguna medida que evite por completo esta lesión, pero sí podemos reducir el riesgo con algunas pautas:
- Fortalecer la pantorrilla, por ejemplo con elevaciones de talones, porque un tendón y unos músculos más fuertes aguantan mejor los esfuerzos.
- Aumentar el entrenamiento de forma progresiva, sin pasar de golpe de no hacer nada a esfuerzos intensos, que es el error típico del deportista de fin de semana.
- Calentar bien antes de entrenar o de jugar, sobre todo en deportes con arranques y saltos.
- Alternar actividades de alto impacto, como correr o saltar, con otras de bajo impacto, como andar, nadar o montar en bicicleta.
- Usar un calzado adecuado para cada deporte y cada superficie, y evitar las superficies muy duras o irregulares cuando se empieza.
- Hacer caso a las molestias: un dolor en el tendón que no se va puede ser una tendinopatía, y conviene tratarla antes de que el tendón se debilite más.
- Tener cuidado con ciertos medicamentos, como las fluoroquinolonas o las infiltraciones de corticoides, y consultar con el médico antes de hacer esfuerzos fuertes.
Conclusión sobre la rotura del tendón de Aquiles
La rotura del tendón de Aquiles es una lesión frecuente en personas de mediana edad que hacen deporte, sobre todo en hombres.
Suele producirse en un gesto brusco, y sus síntomas típicos son un dolor como de patada en la parte de atrás del tobillo, un chasquido y no poder ponerse de puntillas.
Hoy sabemos que se puede tratar con o sin cirugía con resultados muy parecidos, siempre que se haga una buena rehabilitación.
La recuperación es larga, de varios meses, y la vuelta al deporte debe ser progresiva.
Y para prevenirla, lo más importante es fortalecer la pantorrilla, aumentar el entrenamiento poco a poco y no dejar de lado las molestias del tendón.
Referencias
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