Usted se encuentra en: »

Ejercicio fisico y edad

Siempre he pensado que el rendimiento físico, tanto a nivel particular como de competición, no depende exclusivamente de la edad, si no del entrenamiento constante y controlado. No se si estaré equivocado, pero tampoco he entendido nunca como un futbolista con poco más de treinta años, se retira de su vida profesional al tachársele casi como anciano para la práctica deportiva en primera línea, cuando en otros muchas disciplinas deportivas, se está en la edad óptima para conseguir los mejores resultados; por poner un ejemplo, la prueba de maratón (No mucho más descansada que un partido de fútbol…)

A mediados de los años setenta, estudié en las Escuelas Profesionales San José, un centro muy adelantado para la época en cuanto a actividades deportivas para sus alumnos. De allí salieron muchos atletas, alguno de ellos olímpico con el paso de los años. La asignatura de deporte, impartida en esa época por Vicente Añó, era vital para poder pasar el curso sin tener que recuperar ó repetir. Tres días a la semana, íbamos a clase con nuestra bolsa deportiva, camiseta, chandal, zapatillas, etc.

Nadie sabía lo que le podía tocar esa mañana; igual era un partido de baloncesto, que practicar con la jabalina ó correr tres mil metros; eso sí, siempre en plan competitivo. Vicente, provisto de cronómetro y unas tablas de tiempos, calificaba a cada alumno igual que si de un examen de matemáticas se tratara. Siempre había alumnos, que por sus características físicas ó de sobrepeso, necesitaban hacer ejercicio extra por las tardes para poder conseguir las marcas mínimas que te daban el aprobado.

Durante los tres años que estudié en dicho colegio, pertenecí al club atlético Estudiantes San José, compitiendo en cross y marcha atlética; si bien es cierto que jamás destaqué en ninguna disciplina, me tomaba en serio los entrenamientos al terminar las clases, más que nada para no hacer el ridículo en las competiciones escolares provinciales que se celebraban cada sábado.

Yo tenía dieciséis ó diecisiete años, pero recuerdo mi mejor marca en los mil metros lisos: Tres minutos con veintinueve segundos; los más avezados estaban en tres minutos, los más lentos en cuatro y algo; es decir por la mitad de mi clase.

Hace cinco años, quise hacer un experimento, el cual no se lo aconsejo a nadie; intentar entrenar durante un tiempo y cronometrarme los mil metros lisos, al objeto de ver el desgaste físico que había sufrido con el paso de los años. Al acabar el trabajo empecé a salir a correr; al principio de forma muy lenta y pausada, después de forma algo más rápida y prolongada. Estuve casi un año preparándome para esa prueba comparativa interna, secreta y muy particular. Quería, como dije antes, comparar el rendimiento de un chaval de diecisiete años contra uno de cuarenta y cinco, edad con la que contaba en ese momento.

Cuando detuve el cronómetro de pulsera, me quedé asombrado; el tiempo había sido de tres minutos treinta y dos segundos, prácticamente la misma marca que tenía con treinta años menos; ahora bien la taquicardia que me vino al instante, los vómitos y el esfuerzo sobrehumano que tuve que realizar para emular al chaval que un día fui, me hicieron entender al instante que el ejercicio es salud, pero a ciertas edades solo recomendable de forma moderada y constante. El tiempo no pasa en balde.