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Una Lesión... ¿Un Cambio de Perspectiva?

El miedo por excelencia para un/a deportista son las lesiones. Sí, malditas lesiones que nos hacen caer al abismo, al acantilado pedregoso y afilado del miedo. Intentas recordar qué ha pasado, en qué momento se apagaron las luces y en qué momento dejaste de ver aquello que había a tu alrededor para perderte en la oscuridad de tus ojos, que no quieren ver más allá.

 

¿Quién no ha pasado por alguna lesión a lo largo de su vida deportiva? Lesionarse es fácil, retomar la actividad es algo más complicado, sobretodo si tenemos tendencia a la autocompasión (“pobre de mí, ahora qué voy a hacer”, “¿por qué justamente ahora?”) y otros enunciados similares a estos. En un primer momento, nos sentimos solos, desasistidos, contrariados e irascibles, ya que nada nos consuela porque justamente hemos perdido (momentáneamente) la posibilidad de hacer aquello que amamos.

 

Pero no nos equivoquemos, una lesión va mucho más allá de un mero dolor físico, una lesión traspasa nuestra piel, nuestras articulaciones y nuestros huesos. Una lesión puede llegar a instalarse en nuestro cerebro, en nuestra parte más emocional y recóndita a la vista del ser humano, de ahí que muchas lesiones se alarguen más de la cuenta.

 

Cuando sufrimos una lesión, siguiendo con lo anteriormente dicho, hay un riesgo de pérdida de confianza, de espiritualidad (nos quejamos a ese SER superior al que much@s nos encomendamos), posible pérdida de identidad (volver a sentirse deportista), en ocasiones hay una pérdida de independencia y de humor, entre otras. Con este panorama, ¿cómo le decimos a al/la deportista lesionad@ que mantenga una actitud optimista y un pensamiento positivo? Ahí reside la dificultad mayor.

 

Yo siempre me he considerado una persona optimista, pero más si cabe, cuando por una enfermedad, me dijeron que algunos estudios habían demostrado que un pensamiento optimista aumentaba la eficacia del sistema inmunológico, con lo que al mismo tiempo reducía otro tipo de enfermedades. (Seligman,1991).

 

Del mismo modo, ante una lesión cuanto más optimistas y positivos seamos, más probabilidades de tener una mejor recuperación. ¿Quieres saber algunos de los beneficios que te pueden aportar esas emociones positivas? Atent@:

  • Cuando el estado de ánimo es bueno, somos menos críticos con nosotros y con los demás.
  • Cuando estamos contentos, recuperamos buenos recuerdos, que consolidan y prolongan nuestro bienestar.
  • Los estados de ánimo positivo nos hacen flexibles y menos rígidos.
  • En presencia de emociones positivas somos más creativos e imaginativos.
  • Nuestra velocidad de respuesta aumenta y tomamos decisiones más acertadas.

¿Verdad que es como para pensárselo?