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Salud cardiovascula y ejercicio físico

Salud cardiovascula y ejercicio físico

Es conocido que el ejercicio físico cardiovascular ejerce influencia positiva sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular y gracias a los avances en investigación se puede decir que la reducción de padecer un episodio cardiovascular gracias al ejercicio físico no se puede explicar totalmente por los factores tradicionales, descubriéndose respuestas positivas en factores que pueden ser considerador no-convencionales (Golbidi y Laher, 2008; 2012; Powers et al., 2008; Kavazis, 2009). Por ese motivo, el entrenador personal debe conocer a grandes rasgos las evidencias existentes de los mecanismos de protección cardiovascular, para poder justificar la importancia de su correcta prescripción.

En primer lugar, destacar que Mora et al. (2007) comprobó que el 60% de las reducciones en el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular obtenidas tras la ejecución de programas de ejercicio aeróbico, se podría explicar por las modificaciones favorable sobre los variables convencionales (grasa corporal, niveles de colesterol, niveles de tensión arterial, niveles de glucosa en sangre…), y por otro lado, el 40% se encontraba en las variables no-convencionales como el estado inflamatorio.

Los investigadores han asumido que  las características de las arterias resultan cruciales para el estado de salud global del sistema cardiovascular, atribuyéndose a las mismas el 80% de las muertes asociadas a fallos cardiovasculares (Thom et al., 2006). Así, la rigidez de las paredes de las mismas y el desarrollo de  una disfunción endotelial, son dos variables de gran influencia en los episodios de cardiovasculares, especialmente en personas de edad avanzada, parece que el ejercicio influye positivamente sobre ambos (Seals, et al., 2009). Aunque los mecanismos no están del todo descubierto, así como tampoco se conoce la dosis mínima (Seals et al., 2009), Leung et al., (2008) enumeraron los siguientes mecanismos que explicarían la reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular mediados por el ejercicio físico.

Enfermedad cardiovascular mediados por el ejercicio físico:

  • Influencia sobre la función endotélica, posiblemente mediada por la biodisponibilidad del óxido nítrico así como una reducción del estrés oxidativo.
  • Mejora de la función del músculo liso vascular.
  • Mejora del sistema oxidativo.
  • Modificaciones positivas sobre las proteínas de choque térmico (heat shock protein).
  • Reducción del estado inflamatorio
  • Remodelación vascular por angiogénesis (Seals et al., 2009) y arteriogénesis (Seals et al., 2008).

El doctor Green (2009) comenta que algunos de los ejercicios conocidos sobre el sistema cardiovascular pueden sobrevenir porque el impacto del ejercicio físico generar fuerzas de cizallamientos sobre el sistema circulatorio, resultando esta señal mecánica el estímulo cardioprotector del ejercicio. Este estímulo mecánico dependerá directamente de la intensidad del ejercicio y de la naturaleza del mismo, aunque bien es cierto que aun queda mucho por investigar al  respecto.

Parecen existir evidencias suficientes como para asegurar que el ejercicio favorece una remodelación vascular (arteriogénesis y angiogénesis), que incrementará la capacidad de flujo sanguíneo al músculo (principalmente cuando esta se encuentre comprometida, por pérdida funcional debida a la oclusión) (Prior et al., 2003) y con ello mejora la capacidad de circulación sanguínea.

Las implicaciones prácticas generales a nivel de prescripción de ejercicio para la reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular, que debería conocer el entrenador persona son las siguientes.

Parece ser que si el ejercicio aeróbico se prolonga regularmente hasta las 12 semanas de caminar rápido, se podrá comenzar a observar las mejoras funcionales y estructurales necesarias para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular (Seal et al., 2008), aunque parece que, en personas sedentarias, para mejorar la rigidez de las paredes arteriales se requerirá de más tiempo de un año de ejercicio aeróbico regular para que existan cambios estructurales que reduzcan el riesgo de enfermedad cardiovascular (Shibata y Levine, 2012).

En este sentido cabe la necesidad de citar brevemente la importancia que está cobrando en los últimos años los programas de ejercicio aeróbico de alta intensidad  (Chulvi, 2012) sobre las mejoras del perfil de riesgo de enfermedad cardiovascular así como coadyuvantes del tratamiento de enfermedad cardiovascular (Rognmo et al., 2012). En la prestigiosa revista JAMA, Tanasescu et al. (2002) comprobaron que la actividad física total, cómo correr, levantar peso o correr estaban asociados a un descenso de riesgo de enfermedad cardiovascular. La intensidad media del ejercicio estuvo asociada con la reducción del riesgo, independientemente del consumo calórico.

Por su parte, Swain y Franklin (2006) recopilaron estudios epidemiológicos que muestran conclusiones consistentes que sobre una mayor reducción en el riesgo de enfermedad cardiovascular con ejercicio vigoroso (consumo mayor o igual de 6 METs) que ante actividades de intensidad moderada, consecuentemente obtenían un mejor perfil sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular. Los autores concluyen que si el total del consumo energético del ejercicio permanece idéntico, el ejercicio con intensidad vigorosa se presenta con mayores valores cardioprotectores frente al ejercicio de intensidad moderada.

Por lo tanto, el entrenador personal debe conocer que puede incluir sesiones de alta intensidad entre sus clientes que puedan asumirlo (gracias a un programa progresivo en intensidad) y siempre y cuando, no posea ninguna contraindicación que impida al cliente ejercitarse a intensidad elevada sin permiso y/o control médico.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Shibata S, Levine BD. Effect of exercise training on biological vascular age in healthy seniors. Am J Physiol Heart Circ Physiol 2012; 302: H1340-H1346.

PriorBM, Lloyd PG, Yang HT, Terjung RL. Exercise-induced vascular remodeling. Exerc Sport Sci Rev 2003; 31 (1): 26-33.

Green DJ. Exercise training as vascular medicine: direct impacts on the vasculatures in humans. Exerc Sports Sci Rev 2009; 37 (4):196-202.

Leung FP, Yung LM, Laher I, Yao X, Chen ZY, Huang Y. Exercise, vascular wall and cardiovascular diseases. An update (part 1). Sports Med 2008; 38 (12) 1009-1024.

Mora S, Cook N, Buring JE, Ridker PM, Lee IM. Physical activity and reduced risk of cardiovascular events: potential mediating mechanisms. Circulation 2007; 116: 2110-2118.

Seals DR, Desouza CA, Donato AJ, Tanaka H. Habitual exercise and arterial aging. J Appl Physiol 2008; 105:1323-1332.

Thom T, Haase N, Rosamond W et al. Heart disease and stroke statistics-2006 Update. Circulation 2006; 113: e85-e151.

Seals DR, Walker AE, Pierce GL, Lesniewski LA. Habitual exercise and vascular ageing. J Physiol 2009; 587.23:5541-5549.

Golbidi S, Laher I. Exercise and the cardiovascular system. Cardiol Res Pract 2012; 2012:210852.

Powers SK, Quindry JC, Kavazis AN. Exercise-induced cardioprotection against myocardial ischemia-reperfusion injury. Free Radical Biol Med 2008; 44 (2): 193-201.

Kavazis AN. Exercise preconditioning of the myocardium. Sports Med 2009; 39 (11): 923-935.

Golbidi S, Laher I. Molecular mechanisms in exercise-induced cardioprotection. Cardiol Res Pract 2011; 2011:972807.

Rognmo O, Moholdt T, Bakken H, Hole T, Molstad P, Myhr NE, Grimsmo J, Wisloff U. Cardiovascular risk of high-versus moderate intensity aerobic exercise in coronary heart disease patients. Circulation 2012; 126 (12): 1436-1440.

Tanasescu M, Leitzmann MF, Rimm EB, Willett WC, Stampfer MJ, Hu FB.Exercise type and intensity in relation to coronary heart disease in men. JAMA 2002; 288 (16): 1994-2000.

Swain DP, Franklin BA. Comparison of cardioprotective benefits of vigorous versus moderate intensity aerobic exercise. Am J Cardiol 2006; 97 (1): 141-147.

Chulvi I.Entrenamiento interválico de alta intensidad para la salud y la enfermedad (HIIT)

Nota del autor.

El presente artículo pretende realizar una breve recomendación general para este situación médica particular, lo cual NO SUSTITUIRÁ NUNCA, ni el diagnóstico ni el tratamiento tano médico como fisioterapeútico que se pueda haber emitido. Así mismo, se recomienda que si usted padece la situación tratada a lo largo del artículo, se ponga en contacto con su médico, fisioterapeuta o prescriptor de ejercicio para que puedan realizar un estudio profundo y personalizado de su situación, pudiendo ajustarle al máximo la realización de ejercicio físico o el tratamiento más acertado para usted.